
¿Por qué tengo que sonreírte si me produces náuseas?
Eres el ser más despreciable que jamás he conocido. Te crees el ombligo del mundo y que el mundo gira a tu alrededor.
¿Por qué tengo que hablarte si meterme los dedos hasta lo más profundo de mi garganta me provocaría mayor placer?
Si te crees el sujeto en la frase, el adjetivo en las calificaciones y el verbo en las conjugaciones.
¿Por qué tengo que besarte si posar mis labios en la hiel sería más gozoso?
Si el barro tiene más humanidad que tú.
¿Qué me gusta? Me gusta la gente sincera, las que tienen la mirada limpia y miran a los ojos cuando hablan, las que respetan, las humildes, las que no comienzan sus frases por “ yo sé”, “yo también”.
¿Qué no me gusta? La gente prepotente, las personas irrespetuosas, las que califican sin mirarse a sí mismas, las que se toman el brazo cuando no se les ha dado ni la uña, las rastreras, las sucias de mente y cuerpo, las mentirosas, las que me evitan la mirada, las que me halagan gratuitamente.
¿Por qué hablas de lo que no conoces?
¿Por qué aconsejas cuando no se te pide consejo?
¿Por qué existes?
¿Por qué eres?
¿Por qué?
Nota: este escrito es un arrebato tonto, no va dedicado a nadie, lo explico antes de que se hagan conjeturas.
Son sólo una serie de preguntas-reflexiones ante la hipocresía de las personas en nuestra sociedad.
Autora: Emibel

