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lunes, 26 de octubre de 2009

NOCHES BLANCAS DE TERROR... 5

ERIKA



Llegó a Zaragoza hacía ya dos años. Procedente de Malí, no lo hizo de forma ilegal, vino con un contrato de trabajo, para una empresa de limpiezas. Pero no era su intención dedicarse a eso.

Había nacido en Bamako, la capital de su país hacía 23 años y aunque no era de una familia acomodada, había cursado estudios secundarios y no pertenecía a ese 85 % de las mujeres de su país que eran analfabetas.

Sabia que era bella y que tendría aceptación.

Trabajaba en un piso de alto standing en el centro de la ciudad en el que pasaba la mayor parte del día y todas las noches sin excepción.

Tenía una serie de clientes fijos con los que concertaba sus citas por anticipado. Marcaba en un calendario los días en que podía quedar con ellos dejando de lado las noches blancas de luna llena.

Fue hacía ya 6 años, estando con su amor juvenil en una acampada fuera de la ciudad, cuando fue mordida por una serpiente venenosa, esa Mamba Negra que se escurrió entre sus cuerpos abrazados bajo la luna, con un resultado increíble, el chico murió a los pocos minutos mientras ellas le besaba tiernamente. Erika en cambio, solo sufrió unos pequeños mareos cuando notaba que le venía a la boca un dulce sabor a muerte. Ese dulce sabor que le había transmitido la serpiente y que ella iba a llevar dentro de si para el resto de su vida.

Ese sabor le seguía viniendo cada noche de luna llena, eran sus días marcados para no recibir ninguna visita pero aquella vez había sido distinto. Eduardo le había llamado durante la tarde pidiéndole que le dejara estar con ella esa noche. Se había negado rotundamente pero el había acudido sin hacerle caso. Debía recibirle o tendría problemas con la dueña del piso.

Pasaron a la habitación y le ofreció una copa que el aceptó, se le notaba nervioso y con prisas, dejó la bebida en la mesilla de noche y comenzó a desnudarse.

-Desnúdate y ven a la cama, venga, tengo prisa.

-¿Por qué viniste?, hoy no es un buen día.

-A ver, mientras pague tu no eres quien para decirme lo que debo hacer. O te crees la reina de África.

Se acostó junto a él y se dejó acariciar, besar, penetrar, notó como esa noche Eduardo era más brusco que otras veces. No le importó, sabía que era la ultima noche que pasaría con él. Cuando la besó en la boca notó como sus salivas se mezclaban. Notó como de la suya fluía ese sabor a muerte, ese sabor que ella solía reservar para si misma esas noches blancas, esas noches que no quería compartir con nadie.

Se vistió rápido, se sentía algo mareado, deseaba llegar pronto a casa para acostarse, se despidió con un simple adiós, no tenia fuerzas ni ganas de hablar. Bajo la única planta que le distaba de la calle fatigadamente, menos mal que el coche lo tenia aparcado en la misma puerta. Se sentó, descansaría un momento, se desvaneció.

Nunca despertó.

2 comentarios:

Ex-compi dijo...

El final dramático, es una pena que esto en el fondo sea un hecho real

Reflexiones de Emibel dijo...

Deberías de escribir más relatos aunque te cueste un poquito más que los poemas porque derrochas imaginación como en este relato de Erika. Todos ellos me han gustado pero tengo que reconocer que éste especialmente quizás porque entremezclas una realidad que es la prostitución con la imaginación de una muerte tan dulce y tan bella. Tan bella como esta mujer que me parece espectacular.

Premio a la Honradez, otorgado por Loli Salvador del blog "Las Cien Puertas de Eunate"

Premio a la Honradez, otorgado por Loli Salvador del blog "Las Cien Puertas de Eunate"
Gracias, amiga
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